Las estadísticas de la última semana que revela la base de datos que recopila @Piamonte nos muestra una altísima penetración de los smartphones, situación que refleja que a pesar de la crisis, España es el segundo país del mundo con mayor penetración de smartphones. El 44% de la población, frente al 38% de EEUU.
La cuestión que nos planteamos es cómo medir a este tipo de usuario que vive una experiencia de ida y vuelta con un dispositivo móvil. Allí está la clave: la manera de incorporar conocimiento es completamente interactiva, y la lectura también tiende a ese tipo de comportamiento.
El libro, el periódico y la TV fueron canales de ida: el usuario ‘digería’ textos e imágenes pasivamente, toda reflexión o reacción quedaba en sus pensamientos o, en el mejor de los casos, era posterior (digamos carta de lectores, comentar pasajes de un libro con un amigo).
La experiencia ha dejado de ser pasiva: revisar el timeline de Twitter desde el smartphone en el Metro, ¿no es un tipo de lectura?
El lector ya no se queda simplemente estático como ante el libro de papel, sumergido en sus páginas. El lector del smartphone lee 20minutos, revisa su Timeline de Twitter y Facebook, publica mensajes, revisa correos, chatea…
Pablo Mancini, cuando analiza a los medios de comunicación describe que la competencia no es entre ellos, sino por el tiempo de atención que consiguen del usuario. La lectura requiere de tiempos y cada lector debe encontrarlos.
Abrumados por trabajar, aprender, formarse, interactuar, comunicarse, divertirse… el tiempo es lo que nos falta en el siglo XXI; ¿en qué lugar ponemos a la lectura? ¿La experiencia que observamos los #metrolectores en nuestro relevamiento diario, no es una nueva manera de leer?
Ese 34% de la estadística semanal es un dato revelador, porque el móvil y el tablet ofrecen una experiencia multitask: leemos, escribimos, opinamos, jugamos, vemos videos.
Quizá la lectura de los próximos años se defina de una manera diferente al hecho de leer palabras, oraciones y construir experiencias recreadas por la habilidad del escritor y nuestra capacidad de imaginación.